Marx: Alienación e ideología

Alienación e ideología

Es en los “Manuscritos económico-filosóficos” y en “La ideología alemana”, escritas en 1844, la primera, y en 1845, la segunda, (ésta en colaboración con Engels), pero que no fueron publicadas hasta 1932, donde se encuentran los principales análisis de la naturaleza de la alineación del ser humano. El extrañamiento del sujeto en el proceso de su objetivación había sido ya estudiado por Hegel, pero será a raíz de la crítica de la noción de alineación mantenida por Feuerbach como irá perfilando Marx su propia interpretación de la naturaleza de la alineación en el ser humano.

Pero esta noción de alienación, que Feuerbach restringía al ámbito religioso, Marx la extenderá a todas las esferas de la actividad humana, empezando por la actividad esencial del ser humano: la producción de bienes para la satisfacción de sus necesidades. Producir es la actividad esencial de los humanos, lo que los distingue de otras especies animales. Producir significa transformar la Naturaleza, y al transformar la Naturaleza el ser humano expresa su rasgo esencial. No se limita a tomar de la Naturaleza, sino que deliberadamente busca modificarla. De ahí que el trabajo sea el concepto fundamental para entender al ser humano. El trabajo, como actividad productiva libre, es la actividad en la que el ser humano expresa su humanidad, su verdadera naturaleza. Todo lo producido de esta forma -un vestido, una estatua, una casa- es la esencia de la vida humana convertida en un objeto físico y, por tanto externo al productor. En la sociedad industrial, el trabajador no controla el producto de su trabajo. El producto en el que se objetiva su trabajo no le pertenece, convirtiéndose así en algo extraño, ajeno al trabajador: su actividad transformadora no le pertenece, no es considerada como suya, sino que deviene propiedad de “otro”. “El objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un extraño, como un poder independiente del productor… el trabajador se relaciona con el producto de su trabajo como con un objeto extraño”, dice Marx en los “Manuscritos económico-filosóficos”. Además, en la medida en que el producto se convierte en una mercancía, el trabajo objetivado en él es tratado también como mercancía, por lo que el mismo sujeto productor, cuya actividad se halla objetivada en la cosa, en el objeto producido, se ve sometido a un proceso de reificación, de cosificación, mediante el que el termina por ser considerado simplemente como cosa, como mercancía.

“¿En qué consiste entonces la enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo, arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo, fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo” [ Marx, "Manuscritos económico-filosóficos" ]

El trabajo se convierte, pues, en una actividad alienada y alienante, cuando los seres humanos producen objetos sobre los cuales ya no ejercen ningún control, que no ponen de manifiesto su humanidad, ya que no resultan de su libre actividad, sino de una actividad que es “para otro”, que ya no les pertenece porque le pertenece a quien haya pagado su salario, y de la son despojados. De esta manera es el capitalista el que, con la apropiación del producto, se apropia de la actividad de los demás, resultando para ellos una actividad enajenada, alienada. Además, el objeto producido se vuelve contra su creador, puesto que sirve para enriquecer al capitalista y aumentar su poder sobre el proletario. De este modo la actividad productiva se convierte en una actividad realizada bajo “dominación, coerción y el yugo de otro hombre”. Los seres humanos en vez de relacionarse entre sí cooperativamente lo hacen competitivamente. El amor y la confianza mutua se ven reemplazadas por el comercio y el intercambio de y como mercancías. Los seres humanos no reconocen en el otro una naturaleza humana común: ven a los otros como instrumentos para satisfacer sus intereses egoístas. La humanidad, bajo la explotación del trabajo asalariado, aparece escindida, separada en dos partes que no reconocen su común humanidad.

La explotación del trabajador se produce por partida doble; en primer lugar, el capitalista lo explota al apropiarse de la materia prima y de los medios de producción, así como de la plusvalía producida por el trabajador; pero en segundo lugar, lo explota como mercancía, considerándolo un mero apéndice de la maquinaria, una pieza más del sistema de producción. En esta segunda forma de explotación, el trabajador pierde toda autonomía personal y toda posibilidad de encontrar satisfacción en el trabajo. El capital no sólo se apropia de la plusvalía sino que se convierte en una fuerza tangible que exprime la vida misma del trabajador y que mutila sus talentos: el trabajo, su propia actividad, se convierte en el medio de su esclavitud, de su alienación.

Pero la alienación no sólo se da en el terreno de la actividad productiva, del trabajo. Además de la alienación económica, estructural y radical en la sociedad capitalista, derivan de ella otras formas de alienación, como la social, (a través de la división de la sociedad en clases), la política (con la división entre la “sociedad civil” y el “Estado”) de las que, a su vez derivan otras formas de alienación ideológica, (como la religiosa y la filosófica) que buscan justificar la situación real de miseria para la mayoría y, al mismo tiempo, confundir y mistificar la realidad, creando una falsa conciencia de la misma.

La última fase de la alienación es, pues, la alienación ideológica. En ésta el trabajador cree que es legítima la apropiación de la plusvalía por parte del capitalista. El trabajador cree que, como el capitalista posee legítimamente los medios de producción (talleres, maquinaria, fábricas…), tiene una pretensión o un derecho fundado para apropiarse una parte de su trabajo, de una parte de su actividad, de una parte de su vida. A su vez, se considera legítima la posesión de los medios de producción porque deriva de una apropiación legítima de plusvalías en etapas anteriores, construyéndose un círculo vicioso en los procesos de legitimación de la explotación. La eficacia de la explotación capitalista descansa sobre la noción de legitimidad: presentarse ante las conciencias de los explotados como moralmente justificables.

La ideología es una forma de ver el mundo que satisface los intereses de los explotadores. La ideología es una falsa conciencia , una representación inadecuada de la realidad a fin de que los explotados consideren naturales y por tanto justificables e inevitables sus condiciones de vida: “siempre ha habido ricos”, “es natural que el amo se lleve una parte de la cosecha: es el dueño de la tierra, al fin y al cabo”, son expresiones que manifiestan la aceptación de la ideología dominante por parte de los dominados. La ideología se constituye en la culminación del proceso de alienación.

TOMADO DE: http://www.webdianoia.com/contemporanea/marx/marx_fli_alien.htm

Nueva lectura

Además de realizar lectura a continuación, deberá realizar lectura, “La Alegoría de la Caverna de Patón”. La misma esta disponible mediante enlace a la derecha en este blog.

Niños ferales y el entorno social

 

Muchas son las historias, mitos o leyendas que nos cArchivo:Adventures of Tarzan - Elmo Lincoln.jpguentan sobre  niños que son criados por animales en medio de la selva o apartados de la civilización   humana. Tarzán, personaje creado por Edgar Rice Burroughs, que apareció  en la novela “Tarzán el rey de los monos”, un niño criado por gorilas en medio de la selva africana, es uno de los personajes de ficción literaria más populares que encarna este tipo de historias. En este caso el niño llamado Tarzán, es el hijo huérfano de una pareja de aristócratas ingleses abandonados en una selva africana. Cuando estos mueren, Tarzán es adoptado y educado por los gorilas.

La mitología clásica también presenta la historia de Rómulo y Remo, unos gemelos destinados a fundar Roma, que fueron adoptados y amamantados por una loba luego de ser abandonados por su madre. 

Sin embargo, han existido y existen historias reales de niños salvajes o “ferales”.  Se le denomina niño feral o  niño salvaje a una persona que ha vivido apartada de la sociedad durante un largo período de su infancia. Esta categoría incluye; a) personas que no han tenido el más mínimo contacto humano durante años y que han sobrevivido en la selva (algunos al cuidado de animales salvajes, como los lobos); b) niños en áreas urbanas que han sido confinados  en sus hogares por sus parientes donde solamente se les alimentaba pero sin prácticamente ningún otro contacto humano; c) niños que han sido descuidados por adultos en el entorno urbano o rural y que  han sido adoptados,  cuidados y alimentados por animales domésticos, como perros.

 Varios son los casos documentados que han sido muy estudiados por investigadores sociales en el área de la educación y la medicina por el gran interés sociológico, médico y lingüístico que dichos casos representan para la comunidad académico-científica.

Algunas de las características que estos niños presentan al encontrárseles y sacarlos del entorno donde han permanecido aislados de la sociedad son las siguientes: hirsutismo, imposibilidad de hablar y dificultad para caminar erguidos de forma permanente. Estos niños muestran poca sensibilidad al frío y al calor, visión nocturna y sentido del olfato muy desarrollado; imitan sonidos de animales y prefieren la compañía de éstos a la de los humanos; olfatean la comida que van a ingerir, duermen del anochecer al alba, de acuerdo con las estaciones; y parecen ser sexualmente indiferentes. De todas formas, estas características dependen del momento en que los abandonen y los encuentren y del grado de interacción con animales y con personas durante su período al margen de la sociedad.

Resulta claro para los investigadores de este fenómeno que el grado de aislamiento o el tiempo que los infantes pasan fuera del entorno social resulta determinante la hora de querer re-integrar a estos niños a la sociedad. Entre más temprano ocurre el  aislamiento del infante y más tarde se le rescata mucho más difícil se ha hecho el proceso de reintegrar o simplemente integrarles  a la sociedad.

 En efecto, los investigadores han documentado bien lo frustrante y lo casi imposible que resulta el intentar educar a estas criaturas una vez son rescatados, dado que estos no han tenido contacto con otros seres humano, con el entorno social y especialmente porque ha permanecido separados por demasiado tiempo de las estructuras elementales y básicas del lenguaje, lo que les imposibilita aprender de la manera común y corriente que aprenden los humanos en el entorno social. Los intentos por enseñar a dichos  niños un idioma, ya sea hablado o por señas, han tenido éxito muy limitado. Algunos de ellos han regresado de la naturaleza imitando sonidos y comportamientos animales y no muestran interés alguno en el idioma de los humanos. Otros han aprendido un vocabulario extremadamente limitado (de menos de 30 palabras) y una gramática rudimentaria.

Los casos que se han documentado han servido a sus estudiosos, especialmente a los lingüistas a adquirir y documentar una serie de información que de lo contrario sería difícil obtener, porque requería del tipo de investigación que es imposible realizar por claras razones de índole ética. ¿Qué sucede cuando se le priva a un humano del entorno social, de la sociedad y del lenguaje durante sus años de infancia? Sólo los casos fortuitos de niños ferales le han arrojado luz a la ciencia respecto a este asunto.

Los estudios de estos casos advierten que existen, como sugerimos, una gran cantidad de factores que inciden en la capacidad de estos niños de ser insertados exitosamente en la sociedad, tales como: la edad a la que fueron separados del contacto humano, el tiempo que pasaron sin hablar, la estimulación mental mientras estuvieron lejos, a qué edad son rescatados, con qué  tipo de animales estuvieron en contacto, el grado de descuido humano hacia los niños, la zona en se extraviaron o cuán cerca o lejos estaban de la civilización, etc.

La ciencia ha venido, a través del tiempo, formulando ciertas teorías con respecto a la posibilidad o no de que estas criaturas logren exitosamente adquirir o aprender una lengua. Entre ellas esta la  hipótesis del período crítico. Esta establece  que los humanos tienen una “ventana de oportunidad” para aprender su primer idioma: si ese período transcurrió sin exposición al lenguaje y sin poder practicarlo, la oportunidad se perdió para siempre.

Este nombre hace referencia a la etapa de formación física del cerebro más que a la cantidad de interacción social a esa edad. No hay una conclusión definitiva en este debate, ya que los estudios y evidencia  no parecen ser concluyentes. Sin embargo, lo que si resulta evidente es que  estos niños no consiguen desarrollar plenamente lo que llamamos lenguaje. Casos famosos, como el de Víctor de Aveyron, encontrado en el sur de Francia en 1800, a una edad de aproximadamente doce años, confirman este dato. Víctor  pese a que vivió 28 años más, aprendió a obedecer algunas órdenes habladas pero nunca dio señales de comprender el lenguaje como una estructura gramatical y, ciertamente, nunca consiguió hablar, aunque producía algunos sonidos distintivos. Otro caso como el de Kamala, hallada a los ocho años en la India junto con su hermana Amala de 18 meses (que murió poco después), logró apenas reunir un vocabulario de unas 40 palabras antes de su muerte a los 16 años de edad.

Una de las caracteristicas  humanas que ha tenido gran repercusion en nuestra evolucion y el el desarrollo de la sociedad human es gran vulnerabilidad e  indefensión que tienen los recién nacidos hum,anos en compracion con el resto de los animales.  Ello junto a la  prolongada infancia humana, proceso conocido como “neotenia”, se ha teorizado que  se produjo entre los humanos dándonos, como individuos, un precioso tiempo necesario para aprender y formarnos en la cultura y sutilezas sociales peculiares de nuestra especie. Pero lo que parecen habernos enseñado los niños ferales es que sin el entorno social, esa preparación genética es inútil. Esto explicaría el fracaso de Joseph Singh, quien encontró a Kamala y Amala y que pretendía “liberar” a las niñas de las cualidades lupinas que, según él, impedían que surgieran sus cualidades humanas.

Ciertamente, el lenguaje es uno de los grandes misterios de la evolución humana. El mismo es considerado una característica esencialmente humana, que nos define como tal y que nos da, entre otras cosas, como dice Aristóteles, la facultad para establecer lo que es bueno y lo que es malo, lo que nos conviene o no y lo que es justo o injusto; es decir, nos proporciona la capacidad ética. Lo fisiológico y lo neurológico se combinan de menera misteriosa para producir el llamado lenguaje. El entorno social parece ser, sin embargo, el elemento principal que hace posible que se produzca la magia de la palabra en los seres humanos y ello solamente se logra si estamos en contacto con los demás seres humanos.

FAVOR BUSCAR INFORMACION ADICIONAL SOBRE LOS  “Niños FERALES”

Notas para reflexionar respecto al problema del prejuicio

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Norberto Bobbio: filósofo italiano Norberto Bobbio (1909-2004); uno de los grandes pensadores de este siglo escribió lo siguiente acerca del prejuicio.  

¿Qué es el prejuicio?

   por Norberto Bobbio 

 

Nosotros normalmente llamamos “prejuicio” a una opinión o conjunto de opiniones, a veces también a una doctrina, que es aceptada acrítica y pasivamente (…) cuyo dictamen aceptamos sin discutirlo (…) sin verificarlo, por inercia, por respeto o por temor, y la aceptamos con tanta fuerza que resiste toda refutación racional; es decir, a toda refutación que se haga recurriendo a argumentos racionales (…) En general puede decirse que [el prejuicio se] distingue de toda aquella opinión errónea que puede ser corregida mediante los recursos de la razón y la experiencia. Precisamente porque no es corregible o es menos fácilmente corregible, el prejuicio es un error más tenaz y socialmente más peligroso.  Existen distintas formas de prejuicio. Una primera distinción útil es aquella que se debe hacer entre prejuicios individuales y prejuicios colectivos. No nos interesan los prejuicios individuales como las supersticiones, las creencias idiotas en la mala suerte (…etc.). No nos interesan, porque (…) no tienen la peligrosidad social de los prejuicios colectivos. Denomino prejuicios colectivos a los compartidos por todo un grupo social que conciernen a otro grupo social. La peligrosidad de los prejuicios colectivos depende del hecho de que muchos conflictos entre grupos, que incluso pueden terminar en violencia, derivan del modo distorsionado en el que el grupo social juzga al otro, generando incomprensión, rivalidad, enemistad, desprecio o mofa. Generalmente este prejuicio es recíproco, y tanto de una parte como de la otra es tanto más fuerte, cuanto más intensa es la identificación por parte de los miembros individuales con el propio grupo. A esta identificación-contraposición contribuye precisamente el prejuicio, es decir, el juicio negativo que los miembros de un grupo hacen de los caracteres del grupo rival. Nos ocupamos del prejuicio colectivo por sus consecuencias nocivas. La consecuencia principal del prejuicio de grupo es la discriminación (…) ¿Qué significa discriminación? “Discriminación” significa algo más que diferencia o distinción porque siempre se utiliza con una con una connotación peyorativa (…) injusta e ilegítima. ¿Por qué injusta e ilegítima? Porque va contra el principio elemental de la justicia (…) el proceso de discriminación no termina ahí, sino que se completa en otra fase, que es la verdaderamente decisiva. Para que la discriminación despliegue todas sus consecuencias negativas no basta que un grupo, sobre la base de un juicio de valor, afirme ser superior a otro. La consideración de la superioridad de una raza sobre otra comprende otro paso decisivo en el proceso de discriminación: sostiene que precisamente sobre la del juicio que una raza es superior a otra, la primera debe mandar, y la segunda obedecer, la primera dominar, la segunda ser sometida, la primera vivir, la otra morir.